Era un día de junio, 6 meses atrás había perdido una ilusión, un embarazo anembrionado borró por un momento la alegría de estar embarazada. Llena de rabia me provocaba gritarle a las mujeres embarazadas que se cruzaban por mi camino. Un día, interiormente pedí perdón por sentirme así, qué culpa tenían ellas de su felicidad y de que yo me sintiera así?
Días después me sentí algo rara, algo en mi interior me decía que habías llegado a mi, que ahora si era verdad. Me hice una prueba casera y una línea un poco difusa apareció junto a la otra, no estaba segura de si era positivo o no, pero tu me decías que sí, que aquí estabas para quedarte y para hacerme la mujer más feliz del mundo.
Varias ecografías confirmaban que estabas bien, que crecías grande y fuerte dentro de mi pequeño cuerpo, cada latido de tu corazón me hacía sentirme viva, con ganas de seguir, de ayudarte a madurar para que cuando llegaras a mi brazos fueras un niño fuerte, grande y sano.
Cada movimiento en mi barriga, cada patada, cada clavada en las costillas eran una alegría inmensa de saberte bien, vivo y feliz, tan feliz como estaba yo de tenerte dentro.
Día a día, segundo a segundo me recordabas para qué había nacido, cuál era mi destino en el mundo, SER TU MAMÁ!!!!!